La exposición de la vicecanciller Valeria Csukasi en el 11.º Congreso Internacional de la Industria Láctea en el Hotel Nirvana de Nueva Helvecia dejó definiciones clave sobre el rumbo comercial del país, marcando un balance entre las preocupaciones del sector productivo y las oportunidades que se abren en los mercados globales.
La inserción internacional y la realidad del mercado global
Ante un auditorio repleto de referentes de la cadena agroindustrial, la subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores abrió su intervención poniendo sobre la mesa una premisa estructural: con una población de tres millones y medio de habitantes, Uruguay excede ampliamente su capacidad de consumo interno y depende de la exportación para crecer. Sin embargo, advirtió que el país debe operar con pragmatismo y sin ingenuidades, dado que los productos agropecuarios, y en particular la lechería, se cuentan entre los rubros más protegidos y disputados del planeta.
En este análisis, la jerarca subrayó que la política de inserción exterior se construye como una directiva de Estado a lo largo de sucesivas administraciones, buscando equilibrar un tablero comercial permanentemente fluido y cambiante donde las ganancias no se distribuyen de manera lineal para todos los sectores productivos por igual.
El impacto del acuerdo MERCOSUR–Unión Europea y el dilema de las denominaciones
Uno de los tramos de la exposición abordó el histórico acuerdo entre el MERCOSUR y la Unión Europea, concretado tras veintiséis años de tratativas y puesto en vigor el pasado 1 de mayo. Csukasi reconoció que la noticia generó inicialmente inquietud y temor en la industria láctea nacional. Los reparos giraban en torno a dos ejes principales: el riesgo de que los productos europeos, respaldados por cuantiosos subsidios, ingresaran a competir en igualdad de condiciones en el mercado regional brasileño, y la restricción impuesta por las indicaciones geográficas sobre el uso de denominaciones tradicionales de quesos, como el parmesano o el gruyer.
Este último punto generó profunda preocupación en la quesería artesanal uruguaya, que busca escalar su producción y su presencia comercial. No obstante, la vicecanciller destacó el cambio de actitud operado en el sector, donde la inquietud inicial dio paso a una actitud analítica y de convicción. Observando los patrones de consumo europeos —altamente volcados al consumo per cápita de quesos y receptivos a la calidad, el arraigo y la tradición familiar—, el mercado de la Unión Europea comienza a vislumbrarse no solo como una amenaza competitiva, sino como una ventana concreta de oportunidad para colocar producciones diferenciadas.
Las tres grandes apuestas estratégicas de la Cancillería
Para responder a la demanda del sector sobre los beneficios tangibles de esta apertura económica, Csukasi detalló tres frentes prioritarios en los que el Ministerio de Relaciones Exteriores ha concentrado sus esfuerzos recientes, posicionando a la lechería como objetivo central:
- La apertura sanitaria de Indonesia: Una gestión orientada a asegurar el acceso a un mercado de masivo crecimiento demográfico, que actualmente analiza implementar planes de consumo impulsados desde el Estado, similares al tradicional modelo uruguayo del vaso de leche escolar.
- El Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP): Una negociación enfocada en garantizar condiciones arancelarias competitivas frente a rivales consolidados como Nueva Zelanda en las economías del bloque asiático y del Pacífico.
- La Asociación Económica Integral Regional (RCEP): La solicitud formal de incorporación presentada por Uruguay pocas semanas después de la gira presidencial a China, con el propósito de sumarse a un bloque de quince economías del Sudeste Asiático que incluye a potencias como China y Corea del Sur. Aunque el país transita el proceso por detrás de los cinco estados iniciadores, la apertura del bloque abre un camino inédito de integración comercial.
Una hoja de ruta basada en la articulación público-privada
Hacia el tramo final de su exposición, la subcanciller hizo hincapié en que la diplomacia comercial no puede darse por satisfecha con la firma de un único tratado tras décadas de idas y vueltas. Frente a los plazos de desgravación arancelaria que se extienden por hasta diez años, enfatizó la necesidad indispensable de mantener el trabajo conjunto entre el Estado, el Instituto Nacional de la Leche (INALE), la academia y las gremiales empresariales. La meta es preparar con anticipación a la cadena láctea para absorber los impactos de la competencia y llegar con los deberes hechos al momento de capitalizar los nuevos mercados internacionales.










