La UNESCO oficializó la inscripción de este canto tradicional suizo en su lista de patrimonio protegido, una decisión celebrada tanto en la Confederación Helvética como en sus comunidades en el exterior, donde esta tradición mantiene vivo el lazo con la tierra de los ancestros.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) inscribió al yodel suizo (o jodel) en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La decisión fue tomada durante la vigésima reunión del Comité Intergubernamental celebrada en Nueva Delhi, India, culminando con éxito una candidatura que Suiza preparó durante más de un año. Originalmente nacido como una llamada pastoral para comunicar mensajes de colina a colina en los Alpes, evolucionó en el siglo XIX hasta convertirse en un género popular distintivo.
Un fenómeno global: la mirada de la prensa internacional
La noticia ha tenido repercusión en diversos medios globales. La cadena alemana Deutsche Welle (DW) destacó que esta distinción pone en valor una técnica que consiste en “rápidos saltos entre la voz de pecho y la de cabeza”, produciendo sílabas sin significado lingüístico pero con una inmensa carga emotiva. Por su parte, medios culturales franceses han resaltado cómo el yodel ha logrado trascender el estereotipo folclórico para ser adoptado por coros feministas y artistas de vanguardia que fusionan lo ancestral con lo contemporáneo, asegurando su supervivencia ante las nuevas generaciones.
El representante de Suiza ante la Unesco, tras una emotiva interpretación en vivo en la sala de conferencias, declaró: “Estamos muy agradecidos. El yodel se transmite en familias, coros y escuelas y sigue renovándose con nuevas formas”. Actualmente, la Federación Suiza de Yodel, fundada en 1910, cuenta con más de 12.000 miembros activos en 780 coros, lo que demuestra la vitalidad de esta práctica.
El vínculo vivo con Nueva Helvecia
Esta distinción tiene una resonancia especial a más de 11.000 kilómetros de los Alpes, específicamente en el departamento de Colonia, Uruguay. En Nueva Helvecia, la primera colonia suiza del país, el yodel no es una curiosidad de museo, sino una memoria auditiva que persiste en el ADN de la comunidad.
Para los descendientes de los inmigrantes que llegaron a partir de 1862 al “Cantón del Este”, el canto tirolés y el yodel han sido históricamente parte de las celebraciones locales. Desde las presentaciones een las típicas fiestas suizas del mes de agosto, hasta las melodías que acompañan la Bierfest o la Fiesta Nacional del Chocolate, los “gorgoritos” característicos de este canto evocan la nostalgia y la fortaleza de los pioneros.
La declaración de la Unesco valida el esfuerzo de instituciones locales -+como los grupos de danzas, los coros de la colonia y ahora el flamete Club Suizo de Nueva Helvecia- que han mantenido estas tradiciones, no solo como folclore, sino como un puente cultural entre Uruguay y Suiza. Al igual que en Europa, en Nueva Helvecia la vestimenta tradicional (el Tracht) suele acompañar estos cantos, reafirmando una identidad que ha sobrevivido al paso de más de un siglo y medio.
Medidas de salvaguardia y antecedentes
La inscripción en la lista de la Unesco implica un compromiso para proteger esta tradición. Entre las medidas anunciadas se encuentran:
- La creación de un foro nacional del yodel.
- La ampliación de la enseñanza musical de esta técnica en las escuelas.
- La digitalización de vastos archivos sonoros para preservar las variaciones regionales.
El yodel se une ahora a una prestigiosa lista de tradiciones suizas ya reconocidas por la Unesco, que incluye el arte de la relojería mecánica, el alpinismo, la temporada de pastos alpinos y la gestión del riesgo de aludes, consolidando la imagen de Suiza como una nación que respeta y protege su legado cultural inmaterial.
En base a Swissinfo.









