El 21 de febrero de 1945 el gobierno uruguayo declaró la guerra a Alemania. En mayo de 1945 Alemania capitula rindiéndose ante las fuerzas aliadas.
Estos hechos son cronológicamente correctos, pero evidentemente el segundo no tiene relación de causalidad alguna con el primero, como se comprenderá.
Lo curioso es que en nuestro país muchos desconocen esta declaración de guerra que hizo nuestra pequeña e indefensa nación, ante la Alemania nazi, la cual fue producto de las presiones de Estados Unidos, ante la inminencia de la creación una nueva sociedad de naciones (ONU) que se estaba gestando sobre el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esta nueva asociación, inicialmente, podía ser integrada solamente por países que habían sido beligerantes con las potencias del Eje.
En mi caso, era un dato que tenía asimilado desde muy chico, no porque fuera un niño prodigio, sino porque mi padre lo repetía cada vez que nos contaba, por enésima vez, la historia del acorazado alemán “Admiral Graf Spee”, o si prefieren, dicho en uruguayo: el Grafespí (con tilde en la i por supuesto).
La historia es más que conocida, el letal acorazado de bolsillo alemán, veloz y con una tecnología innovadora para la época es emboscado el 13 de diciembre de 1939 a la altura de Punta del Este donde libra una batalla naval contra los buques de la marina británica Ayax, Achilles y Exeter. Dañado, el Graf Spee ingresa al puerto de Montevideo, y el gobierno uruguayo, presiones diplomáticas de por medio, le da un plazo de 72 horas para hacer reparaciones menores y abandonar el puerto, ya que en ese momento Uruguay era aún un país neutral.
Y en esos días que permanece amarrado, los montevideanos se agolpaban en el recinto portuario para ver al grandioso acorazado. Entre esos vecinos estaba mi padre, quien siendo un niño aún, presenciaba en vivo y en directo un capítulo de la terrible Segunda Guerra Mundial.
Seguramente la última escena de esa historia impactó la mente infantil de mi padre cuando el Graf Spee zarpó del puerto y antes de llegar a aguas internacionales, donde lo esperaban los buques ingleses, se detiene, transbordan a su tripulación, y una potente explosión termina con la joya de la armada alemana, que se hunde en las fangosas aguas del Río de la Plata.
Muchos de los tripulantes del Graf Spee no volvieron a Alemania, algunos se quedaron en nuestro país y otros tantos se desparramaron por Argentina, donde seguramente intentaron rehacer sus vidas, luego de ser protagonistas, involuntarios seguramente, de una de las peores páginas de la historia mundial.

EL “TACOMA” ES URUGUAYO
Hay otro dato que repetía mi padre, y que no he logrado corroborar documentalmente, pero que tenía su lógica.
Resulta que en la época de la batalla naval referida, se encontraba repostando combustible y provisiones en Montevideo, el vapor alemán “Tacoma”. Y este vapor participa en el trasbordo de la tripulación desde el Graf Spee al puerto antes del hundimiento.
Según el relato de mi padre, como Uruguay le declara luego la guerra a Alemania, nos quedamos con el Tacoma por ser propiedad del contrario beligerante. La historia estaba buena, y supongo que mi padre le quiso poner un poco de color a su relato bélico, para impresionar a la cautiva audiencia familiar.
Tomando en cuenta que Uruguay le declara la guerra a Alemania casi al final de la misma, seis años después del hundimiento del acorazado alemán, aquel relato paterno no termina de cerrarme, pero como en esas épocas no se solía contradecir a los mayores (los viejos), nunca pusimos en duda la veracidad del mismo.
Hurgando en internet, pude averiguar que parece que nos quedamos con el Tacoma (1942) gracias a algún abogado, ya que aplicamos un artículo de una Convención de la Haya cuya fecha no sabría precisar, y el seis de octubre de 1956 se enarbola el pabellón nacional en el buque que prestaría servicios para la armada nacional y como buque mercante hasta 1969.
A partir de allí queda fondeado en el del puerto capitalino.
Pero como en nuestro país, somos bastante recicladores, y afines al latiguillo “lo atamos con alambre”, en lugar de “jubilar” al ya vetusto buque, se decide que el mismo pasara a oficiar de cárcel, función que cumple hasta el año 1980. Pero quedaba aún otra vuelta de tuerca a la historia del Tacoma, ya que en 1985 se lo desguaza y remata obteniéndose la suma de U$ 65.000 para las arcas públicas, 43 años después de haber sido incautado por ese Leviatán que es el Estado Uruguayo.
Y después dicen que los piamonteses le sacan jugo a un ladrillo (je, je).
Hace un tiempo, un amigo, cuyo padre había combatido en la segunda guerra mundial, en la armada alemana, y no obstante ser un gran conocedor de la historia sobre el evento mundial, me comentaba que no sabía que Uruguay le había declarado la guerra a Alemania.
En fin, un detalle, no diría curiosidad, porque todo lo referido a la Segunda Guerra Mundial no está más que impregnado de muerte y desolación.
Me quedo entonces, con el relato emocionado de mi padre, sobre el grandioso “Admiral Graf Spee”, quien a pesar de ser un simple espectador, nos hizo interesarnos desde chicos por la historia, herramienta fundamental para entender el presente y tratar de encarar el futuro no volviendo a repetir errores y horrores como los que vivió el mundo en la última gran confrontación bélica mundial.

Pablo Abelenda Bonnet.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí