Procedente de Dolores (Depto. Soriano), llegué a Nueva Helvecia en 1987, a instancias de mi hermana, docente, radicada por muchos años en Rosario.
Sin haberlo consultado conmigo, hizo llegar a la radio local, Radio del Oeste, algunas grabaciones de un programa que, por hobby -debo confesarlo- conducía en Difusora Soriano de Mercedes.
Por mayo de ese año, mi hermana me comunicó que el Director de Radio del Oeste, Sr, Rafael Ravazzani, quería hablar conmigo.
Allí comenzó todo.
Allí comenzó el periodismo para mí, en el cual nunca había pensado como profesión.
Pasé a formar parte del equipo permanente de informativistas de la radio, junto a los estimados Julio González y Hugo Torres, éste, compañero de trabajo, guía de mis primeros pasos y hoy amigo inquebrantable.
Pero en agosto de 1989, veo publicado en el Periódico local HELVECIA, un pedido de personal para la Redacción de ese medio que yo conocía solamente porque llegaba semanalmente a la radio.
Podría decir que ese aviso marcó mi destino, y para siempre, en el periodismo.
Atrás quedaban la filosofía, la literatura, la docencia y la investigación.
El aviso se publicó ante la renuncia de Rodolfo “Raddy” Leizagoyen, al que sólo conocía a través de su tarea como redactor general de HELVECIA, y hoy sigue siendo el colega estimado y respetado.
Y el amigo.
Renunció a esa tarea, con horas de trabajo y dedicación que exigían la seriedad y la responsabilidad periodística de ese medio, siendo la docencia su principal ocupación.
Me presenté, conociendo entonces al Sr Alfredo Stutz, quien dirigía HELVECIA con plena dedicación.
Desde entonces y hasta mayo de 1993, trabajé en ambos medios: en HELVECIA como Redactora general y en Radio del Oeste como Redactora y locutora de los informativos, principalmente el de las 11.30, hora en que la ciudad se paralizaba para escuchar las noticias.
En aquel mayo de 1993, fui puesta, sorpresivamente, y sin consulta, ante la alternativa de “elegir” uno de los dos medios para seguir trabajando.
En los dos no, después de cuatro años de hacerlo, con la mayor seriedad y dedicación en una tarea de tanta responsabilidad: informar, reflejar y difundir el quehacer no sólo de Nueva Helvecia, sino de toda la zona Este del Departamento.
¿Elegir? El planteo fue tan rotundo que no dejaba alternativa.
La elección fue dolorosa y aún duele, después de tantos años.
Duele por haber tenido que dejar uno de los medios que disfruté siempre, desde muy niña y muchos años antes de estar adentro.
Pero duele, sobre todo, por la injusticia de los argumentos que se me presentaron.
Pero el motivo de este artículo no es plantear una controversia.
Sólo creí necesaria una breve reseña de cómo fue mi ingreso y mi entrega total a una profesión que nunca había, siquiera considerado como posibilidad y hoy es mi vida y, tal vez, mi razón de ser.

110 AÑOS
El motivo de este artículo, solicitado por el Sr, Pablo Cribari, actual Director de HELVECIA es que aquellos que hace muchos años somos parte, recordemos, revivamos, nuestra experiencia en un medio que el 4 de febrero celebrará 110 años, ni uno menos, siendo el medio de prensa escrita con mayor permanencia continua en el interior del país.
En mi caso, contar los 35 años que he vivido en esta casa que siempre, desde el primer día, respetó mi trabajo, aún en aquellos años en los que no podía darle la dedicación plena que requiere un medio de comunicación serio y comprometido, echando mano a las mejores herramientas posibles.
Aquella elección a la que me vi obligada, tuvo la única repuesta posible.
Si bien he dicho de mi amor por la radio, debo decir ahora, con total convicción que mi elección fue estar en el lugar donde me necesitaban, pero, sobre todo, donde me brindaron, sin reticencia, la oportunidad de trabajar libremente y, lo más importante, y por lo dicho anteriormente, de encontrar un camino de vida impensado y, hoy, razón de vida.
HELVECIA me dijo muchas veces, a gritos o susurrando, “eres periodista”.
Y yo cada vez, respondo: “gracias a ti, que me abriste una puerta impensada y, sobre todo, confiaste en lo que yo podía hacer”.
Helvecia me dio la posibilidad, no siendo de la ciudad, de conocer al más humilde vecino, dispuesto a dar una mano cuando la comunidad lo creía necesario, a aquellas personas que, por responsabilidad y compromiso integraron comisiones o grupos poniéndose al hombro un objetivo necesario para todos, a las autoridades locales, departamentales y nacionales, dignatarios extranjeros, etc.
En fin, me abrió las puertas y me dio la posibilidad, tal vez la más importante, de PUBLICAR con la mayor objetividad posible, todo aquello que fuera, precisamente, de interés público.
Tendría que nombrar muchas personas que me acompañaron y, sobre todo, me apoyaron en estos 35 años.
Pero solo destacaré a dos.
Alfredo Stutz y Pablo Cribari.
Raddy, Floglia, el “Chongo”, Tito, Juan, El “Grillo”. Jorge, Gladys, María, Jackeline, Juan Carlos, Esther, Vanessa, Maristela, Estela, Sebastián, están siempre en mi corazón.
Alfedo Stutz fue quien me abrió las puertas y me condujo por los vericuetos, a veces intrincados, del periodismo.
Si ser periodista él, como siempre lo decía con alguna expresión graciosa, pero sabiendo que había tomado una vela encendida en 1914, que había pasado por ilustres manos, incluso las de su padre, que no debía apagarse.
Con momentos más o menos luminosos, pero siempre encendida.
Con Alfredo Stutz tuve el honor de trabajar, aprender, crecer, ser periodista durante casi 30 años.
Como anécdota, permítanme recordar, que la Organización de la Prensa del Interior (OPI), realizó un homenaje a HELVECIA y le entregó una placa conmemorativa de los 100 años, puesta en manos del Sr. Stutz quien, en el mismo acto, la depositó en mis manos.
Sin comentarios.
En 2014, me dijo. “Ida, cumplimos 100 años y HELVECIA se cierra”.
Así ocurrió finalmente en 2015.
Fue un impasse de algunos meses en los cuales Nueva Helvecia estuvo sin su periódico tras 100 años ininterrumpidos.
Fueron meses duros, de nostalgia sobre todo, pero, especialmente, porque Nueva Helvecia se quedaba sin SU HELVECIA.
Por mi parte, opté por la jubilación y buscar la posibilidad de iniciar alguna nueva actividad.
Un día golpearon a mi puerta y allí estaba un hombre alto, delgado, joven, quien se presentó como el nuevo Director Propietario de HELVECIA.
Para mí, que me había alejado del tema, tal vez dando por cerrada definitivamente la que fue, seguramente, la mejor etapa de mi vida, fue una sorpresa y una gran alegría.
Quien estaba en mi puerta era el Sr. Pablo Cribari, quien me proponía seguir colaborando con HELVECIA, que volvía a desplegar nuevamente sus páginas.
Pensé, “aquí estoy, aquí sigo estando”.
Porque en agosto de 1989, se abrió una puerta para dejar salir a un periodista de alto nivel, eslabón invalorable de esa cadena más que centenaria: el admirado, respetado y querido Raddy, y la mano firme y segura de Alfredo Stutz la mantuvo abierta para permitirme el paso.
Pablo Cribari quiso que continuara y hoy, a 110 años de su fundación, de la mano de un joven emprendedor y de las nuevas tecnologías, HELVECIA sigue siendo el primer diario del interior en seguir circulando y ocupando el primer lugar en el Departamento como medio escrito en papel y en sistema digital.

¡Salud, HELVECIA querida!

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